"Pero por ahora ya ha sido suficiente de referirme a las proezas y logros de los héroes de renombre. La tendencia de que todas las virtudes producen placer es un tópico que trataré más adelante. En este momento procederé a exponer la esencia y cualidades del placer mismo, y me esforzaré en remover los erróneos conceptos de ignorancia y en hacerle a usted darse cuenta cuán seria, cuán sobria y cuán austera es la escuela a la que se le supone sensual, laxa y lujuriosa. El placer que nosotros perseguimos no es de esa clase que sólo afecte directamente nuestro ser físico con un sentimiento delicioso - una percepción positivamente satisfactoria de los sentidos; por el contrario, el más grande placer, de acuerdo con nosotros, es aquél que se experimenta como resultado de la total eliminación del dolor. Cuando estamos libres de dolor, la mera sensación de completa emancipación y alivio del desasosiego es por sí misma una fuente de gratificación. Todo lo que causa gratificación es un placer (tal como todo lo que causa molestias es un dolor). Por lo tanto, la completa remoción del dolor ha sido correctamente definida como placer. Por ejemplo, cuando el hambre y la sed han sido ahuyentadas con la comida y la bebida, el mero hecho de zafarse del desasosiego conlleva un placer resultante en su curso de acción. Así, por lo general, la eliminación del dolor origina que el placer tome su lugar. Epicuro, consecuentemente, sostuvo que no existe cosa tal como un estado intermedio de sentimiento neutro entre el placer y el dolor; porque el estado supuesto por algunos pensadores como neutral, que se caracteriza por la ausencia total de dolor, es en sí mismo, él así lo sostuvo, un placer, y, lo que es más, un placer del más alto orden. Un hombre que está absolutamente consciente de su condición tiene necesariamente que sentir placer o dolor. Para Epicuro la completa ausencia de dolor es el límite del placer y su nivel más alto; más allá de este punto el placer puede variar de clase, pero no puede variar en intensidad o grado. En Atenas, mi padre acostumbraba contarme, cuando deseaba ventear su ingenio a expensas de los estoicos, que en el Ceramicus hay una estatua de Chrysippus sentado y sosteniendo una mano en alto, gesto cuya intención era indicar el deleite que él acostumbraba tener con respecto al siguiente silogismo, el que aparecía impreso más abajo: `¿Necesita algo su mano, mientras está en la presente condición?' Respuesta: `No, nada'. - `Pero si el placer fuera un bien, desearía el placer'. - `Sí, supongo que lo haría'. - `Por lo tanto, el placer no es un bien'. Un argumento, como mi padre declaraba, que ni siquiera una estatua emplearía, si es que una estatua pudiese hablar; si esto resulta apropiado como objeción a los cirenáicos, a Epicuro no lo toca. Porque si fuese el único tipo de placer el proveer con lisonjas a los sentidos, una influencia que los penetraría con un sentimiento de deleite, ni la mano ni ningún otro miembro del cuerpo podría estar satisfecho con la sola ausencia de dolor por medio de una agradable y activa sensación de placer. Considerando, como lo sostiene Epicuro, que el mayor de los placeres sea el no sentir dolor, el interlocutor de Chrysippus está justificado al hacer su primer reconocimiento, aquello de que su mano en tal condición nada deseaba, pero no lo está en su segundo reconocimiento, al sostener que si el placer fuera un bien, su mano lo habría deseado. Y la razón de por qué ésta no habría deseado el placer es que el estar sin dolor es estar en un estado de placer.
martes, 8 de diciembre de 2015
Capítulo XI. La más alta forma de placer es la ausencia de dolor
"Pero por ahora ya ha sido suficiente de referirme a las proezas y logros de los héroes de renombre. La tendencia de que todas las virtudes producen placer es un tópico que trataré más adelante. En este momento procederé a exponer la esencia y cualidades del placer mismo, y me esforzaré en remover los erróneos conceptos de ignorancia y en hacerle a usted darse cuenta cuán seria, cuán sobria y cuán austera es la escuela a la que se le supone sensual, laxa y lujuriosa. El placer que nosotros perseguimos no es de esa clase que sólo afecte directamente nuestro ser físico con un sentimiento delicioso - una percepción positivamente satisfactoria de los sentidos; por el contrario, el más grande placer, de acuerdo con nosotros, es aquél que se experimenta como resultado de la total eliminación del dolor. Cuando estamos libres de dolor, la mera sensación de completa emancipación y alivio del desasosiego es por sí misma una fuente de gratificación. Todo lo que causa gratificación es un placer (tal como todo lo que causa molestias es un dolor). Por lo tanto, la completa remoción del dolor ha sido correctamente definida como placer. Por ejemplo, cuando el hambre y la sed han sido ahuyentadas con la comida y la bebida, el mero hecho de zafarse del desasosiego conlleva un placer resultante en su curso de acción. Así, por lo general, la eliminación del dolor origina que el placer tome su lugar. Epicuro, consecuentemente, sostuvo que no existe cosa tal como un estado intermedio de sentimiento neutro entre el placer y el dolor; porque el estado supuesto por algunos pensadores como neutral, que se caracteriza por la ausencia total de dolor, es en sí mismo, él así lo sostuvo, un placer, y, lo que es más, un placer del más alto orden. Un hombre que está absolutamente consciente de su condición tiene necesariamente que sentir placer o dolor. Para Epicuro la completa ausencia de dolor es el límite del placer y su nivel más alto; más allá de este punto el placer puede variar de clase, pero no puede variar en intensidad o grado. En Atenas, mi padre acostumbraba contarme, cuando deseaba ventear su ingenio a expensas de los estoicos, que en el Ceramicus hay una estatua de Chrysippus sentado y sosteniendo una mano en alto, gesto cuya intención era indicar el deleite que él acostumbraba tener con respecto al siguiente silogismo, el que aparecía impreso más abajo: `¿Necesita algo su mano, mientras está en la presente condición?' Respuesta: `No, nada'. - `Pero si el placer fuera un bien, desearía el placer'. - `Sí, supongo que lo haría'. - `Por lo tanto, el placer no es un bien'. Un argumento, como mi padre declaraba, que ni siquiera una estatua emplearía, si es que una estatua pudiese hablar; si esto resulta apropiado como objeción a los cirenáicos, a Epicuro no lo toca. Porque si fuese el único tipo de placer el proveer con lisonjas a los sentidos, una influencia que los penetraría con un sentimiento de deleite, ni la mano ni ningún otro miembro del cuerpo podría estar satisfecho con la sola ausencia de dolor por medio de una agradable y activa sensación de placer. Considerando, como lo sostiene Epicuro, que el mayor de los placeres sea el no sentir dolor, el interlocutor de Chrysippus está justificado al hacer su primer reconocimiento, aquello de que su mano en tal condición nada deseaba, pero no lo está en su segundo reconocimiento, al sostener que si el placer fuera un bien, su mano lo habría deseado. Y la razón de por qué ésta no habría deseado el placer es que el estar sin dolor es estar en un estado de placer.
Capítulo X. Pero este instinto está limitado por el cálculo
"Esta es la teoría que yo sostengo, ¿por qué debo tener miedo de no ser capaz de reconciliarla con el caso de mis ancestros Torcuato? Las referencias que de ellos usted acaba de hacer eran históricamente correctas, y a su vez mostraron sus amables y amistosos sentimientos hacia mi persona; pero a pesar de ello yo no soy alguien que se soborne por sus halagos hacia mi familia, y usted no encontrará en mí a un oponente menos resoluto. Dígame, por favor, ¿qué explicación usted asigna a las acciones de ellos? ¿Cree realmente usted que atacaron a un enemigo armado, o que trataron tan cruelmente a sus hijos, a su propia carne y sangre, sin pensar en el propio interés y beneficio de aquéllos? ¿Por qué incluso los animales salvajes no actúan de esa manera?; ellos no atacan tan enfurecidos y enceguecidos como para que no podamos discernir propósito alguno en sus movimientos y embestidas. ¿Puede usted entonces suponer que aquellos hombres heroicos llevaron a cabo sus famosas acciones sin motivo alguno? Lo que haya sido el motivo de ellas lo consideraré más adelante, por ahora afirmaré confiadamente que si ellos tuvieron un motivo para aquellas proezas indudablemente gloriosas, ese motivo no fue por amor a la virtud en sí. Él arrancó el collar de su enemigo - sí, y se salvó así mismo de la muerte. Pero él desafió un gran peligro - sí, ante los ojos de un ejército. ¿Qué obtuvo de todo esto? - honor y estima, las garantías más poderosas de seguridad en esta vida. Él sentenció a muerte a su propio hijo - si lo hizo sin motivo, entonces lamento ser descendiente de alguien tan salvaje e inhumano; pero si su propósito, al infringirse dolor a él mismo, fue establecer su autoridad como comandante y sujetar las riendas de la disciplina durante una guerra muy cruenta por medio de hacer sentir a su ejército el temor al castigo, entonces su acción apuntó a garantizar la seguridad de sus compañeros ciudadanos, de la cual bien él sabía que dependía la suya propia. Y este es un principio de amplia aplicación. Las gentes de nuestra escuela, y especialmente usted mismo, quienes son tan diligentes estudiantes de historia, han encontrado un campo preferido para el despliegue de su elocuencia al recordar historias de hombres de antaño tan valientes y famosos, y al elogiar sus acciones, no sobre una base utilitaria, sino en favor del esplendor de la abstracta valoración moral. Pero todo esto se derrumba si se establece el principio de selección que yo acabo de mencionar - el principio de renunciar a los placeres con el propósito de obtener mayores placeres, y de sobrellevar dolores con el objeto de escapar de dolores mayores".
Capítulo IX. El Placer es el Bien Principal
Capítulo VIII. Triario resalta el que Cicerón considere que Epicuro no es filósofo en lo absoluto. Torcuato acomete la defensa de Epicuro, la que sigue a continuación:
Yo había hablado más con la intención de sondear a Torcuato que de entregar un discurso propio. Pero Triario intervino, con una sonrisa: "Usted prácticamente ha expulsado a Epicuro del coro celestial de los filósofos, ¿por qué ? ¿Qué es lo que usted le ha reconocido, con excepción de considerarle inteligible su pensamiento, cualquiera sea su estilo? Sus doctrinas en Filosofía Natural en su opinión eran de segunda mano, y además poco sólidas; y sus intentos para mejorar su autoridad sólo hicieron que las cosas empeoraran. Dialéctica, para usted él no tuvo. Así también expuso que su identificación del Bien Principal con el placer fue, en primer lugar, un error en sí mismo, y luego en esto tampoco habría sido original, toda vez que Arístipo lo había dicho antes, y mejor. Como colofón usted agregó que Epicuro fue una persona sin educación".
"Bueno, Triario", respondí, "cuando uno está en desacuerdo con un hombre es esencial decir lo que uno objeta de su punto de vista. ¿Qué me prevendría de ser un epicúreo si yo aceptase las doctrinas de Epicuro?, especialmente cuando su sistema es uno extremadamente fácil de dominar. Ustedes no tienen que encontrar fallas en los miembros de las escuelas opositoras para criticar las opiniones de los otros; sin embargo, yo siempre siento que el insulto y el abuso, o el altercado acalorado, así como la amarga y obstinada controversia están más allá de la dignidad de la filosofía".
"Tengo claro lo que es su preocupación", dijo Torcuato; "es imposible debatir adecuadamente sin criticar, pero es igualmente imposible debatir con mal genio y obstinación. Mas yo tengo algo que me gustaría decir en respuesta a todo esto, si ello a usted no le fastidia".
"¿Supone usted", dije, "que yo habría dicho lo que dije, si no desease escucharles?"
"Entonces, ¿le gustaría que yo hiciera una rápida revisión de todo el sistema de Epicuro, o discutir sólo el punto del placer, cual es el asunto principal en disputa?", agregó Torcuato.
"¡Oh!", dije, "eso es algo que usted debe decidir".
"Muy bien, entonces", dijo él, "esto es lo que haré, expondré un sólo tópico, y ese será el más importante. Pospondré la Filosofía Natural; aunque intentaré probar a usted tanto la desviación de los átomos como el tamaño del sol, y también esos muchos errores de Demócrito, criticados y corregidos por Epicuro. Pero en esta ocasión hablaré sobre el placer; no es que tenga algo original que contribuir, pero estoy confiado que lo que diga demandará incluso vuestra aceptación".
"Tenga por seguro", dije, "que no seré obstinado, es más, alegremente me convenceré si usted puede probar su caso a mi entera satisfacción".
"Así lo haré", replicó él, "toda vez que usted sea tan imparcial como promete. Pero, prefiero emplear un discurso continuo en lugar de preguntas y respuestas".
"Como usted guste", dije.
Así Torcuato empezó.
Capítulo VII. Critica, además, el rechazo de Epicuro hacia la lógica formal, así como su ética hedonista y su carencia de educación
"Luego, piensen en el Tito Torcuato que fue cónsul con Gnaeus Octavio; cuando él trató tan severamente a su hijo, sobre el que ya no tenía control paternal al haber sido adoptado por Decius Silanus - cuando él lo hizo comparecer ante su presencia para responder ante la denuncia presentada contra él por una diputación en Macedonia, de haber aceptado soborno siendo pretor en esa provincia - cuando, tras oír a ambos lados de este caso, él sentenció haber encontrado culpable a su hijo de conducirse en sus funciones de forma indigna a la de sus ancestros, y le expulsó para siempre de su vista - ¿ustedes piensan que él tuvo alguna consideración con su propio placer? Pero, paso por sobre los peligros, los sufrimientos, el dolor verdadero de todos los hombres buenos que soportan por el país y por los amigos, no sólo no buscando el placer, sino renunciando realmente a todos los placeres, y prefiriendo sobrellevar todo tipo de dolor en lugar de ser falso ante la más mínima parte de sus deberes. Vayamos a materias aparentemente menos importantes, pero igualmente concluyentes. ¿Qué verdadero placer hay para ti Torcuato, o para Triario aquí presente, en la literatura, en la historia y en la erudición, al dar vueltas las páginas de los poetas con vastas cantidades de versos para aprenderse de memoria? No me digan que tales ocupaciones son en sí mismas un placer para ustedes, y que así también fueron los actos que ya mencioné de los Torcuato. Esa línea de defensa nunca fue tomada por Epicuro o Metrodoro, ni por ninguno de ellos que poseyera cualquier inteligencia o que hubiera dominado las doctrinas de su escuela. Nuevamente, con respecto a las preguntas frecuentemente formuladas de por qué tantos hombres son epicúreos, aunque ésta no es la única razón, la cosa que mayormente atrae a la multitud es la creencia de que Epicuro declare como conducta y moral correctas el ser intrínsecamente y por sí mismo encantador, lo cual significa generador de placer. Estas valiosas personas no se dan cuenta que, si esto es verdad, ello desbarata toda la teoría. Si se admitiese que la bondad es espontánea e intrínsecamente placentera, incluso sin ninguna referencia a la sensación corporal, entonces la virtud sería deseable de por sí, y así también lo sería el conocimiento; pero esto no lo permite Epicuro.
"Estas son entonces", dije yo, "las doctrinas de Epicuro que yo no puedo aceptar. En cuanto al resto, podría desear que él mismo hubiera estado mejor equipado en cuanto a erudición (toda vez que incluso ustedes deben reconocer que él es deficiente en cultura liberal, la que confiere a su poseedor el título de hombre educado) o cuando menos que él no hubiera disuadido a otros de estudiar. Sin embargo, estoy enterado de que él no tuvo éxito en disuadirlos a ustedes".
1/ En la Lógica Griega, el método de definir una especie por medio de dividir y subdividir un género.
2/ La interpretación aquí es incierta, y probablemente más de una frase se ha perdido.
Capítulo VI. Cicerón señala qué es lo que objeta a Epicuro: su Filosofía Natural no es ni nueva ni verdadera
"Bien, entonces, ¿cuál es el punto?", dijo él, "mucho me gustaría saber qué es aquello con lo que usted está en desacuerdo".
"Permítame empezar", repliqué, "con el asunto de la Filosofía Natural, cual es el particular alarde de Epicuro. Aquí, en primer lugar, lo de él es completamente de segunda mano. Sus doctrinas son las de Demócrito, con muy pocas modificaciones. Y en directa referencia a este último, donde Epicuro intenta mejorar su original, en mi opinión sólo tiene éxito en empeorar las cosas. Demócrito cree en ciertas cosas que él denomina ‘átomos’, es decir, cuerpos tan sólidos como indivisibles, que se mueven en un vacío de extensión infinita, que no tiene ni arriba, ni abajo, ni medio, ni centro, ni circunferencia. El movimiento de estos átomos es tal que así como chocan se unen entre sí; y a partir de este proceso resulta el total de las cosas que existen y que vemos. Por otro lado, este movimiento de los átomos no debe ser concebido como si se hubieran iniciado desde un principio, sino como teniendo lugar durante toda la eternidad. Epicuro por su parte, en lo que concierne a seguir a Demócrito, por lo general no se equivoca. No obstante, hay mucho en cada uno de ellos con lo que estoy en desacuerdo, y especialmente lo siguiente: en el estudio de la Naturaleza hay dos preguntas que deben formularse, primero, ¿cuál es la materia de la que está hecha cada cosa?, segundo, ¿cuál es la fuerza que permite que aquello se haga?; ahora, Demócrito y Epicuro han discutido la pregunta de la materia, pero no han considerado la pregunta sobre la fuerza o la causa efectiva. Pero éste es un defecto compartido por ambos; ahora me aboco a los particulares errores de Epicuro. Él cree que estos mismos cuerpos sólidos indivisibles son llevados por su propio peso perpendicularmente hacia abajo, lo cual, él sostiene, es el movimiento natural de todos los cuerpos; pero luego este inteligente tipo, confrontado con la dificultad de que si todos ellos viajan hacia abajo en línea recta, y, como ya he dicho, perpendicularmente, ningún átomo nunca será capaz de alcanzar a ningún otro átomo, introduce por consiguiente una idea de su propia invención: él dijo que el átomo realiza una muy tenue desviación - la menor de las divergencias posibles; y así ocasiona embrollos y combinaciones y la cohesión entre átomos, lo que da por resultado la creación del mundo, y todas sus partes, y de todo aquello que en ellas hay. Ahora, no sólo la totalidad de este asunto es parte de una fantasía infantil, sino que esto ni siquiera logra el resultado deseado por su autor. El proceso de desviación es por sí mismo una ficción arbitraria; porque Epicuro dice que los átomos se desvían sin causa - con todo, ésta es la ofensa principal en un filósofo natural, hablar de algo que tiene lugar sin haber sido causado. Entonces, además, él gratuitamente despoja a los átomos de lo que él mismo declaró ser el movimiento natural de todos los cuerpos pesados, es decir, el movimiento rectilíneo hacia abajo, y aún así él no logra el objetivo por el cual se inventó esta ficción. Si todos los átomos se desvían, ninguno se unirá nunca; y, si algunos se desvían mientras otros viajan en línea recta, excepto sus propias tendencias naturales, en primer lugar será equivalente a asignar a los átomos sus diferentes esferas de acción, algunos para viajar derecho y otros hacia el lado; en tanto, por otra parte (y esto es un punto también débil en Demócrito), esta desenfrenada batahola de átomos podría no dar por resultado la ordenada belleza del mundo que conocemos. Es también indigno de parte de un filósofo natural el negar la infinita divisibilidad de la materia; un error que seguramente Epicuro habría evitado, si él hubiera estado dispuesto a permitir que su amigo Polyaemus le enseñase geometría en lugar de hacer que el mismo Polyaemus la desaprendiera. Demócrito, siendo un hombre educado y bien versado en geometría, piensa que el sol es de un tamaño vasto; Epicuro lo considera quizás de unos treinta centímetros de diámetro, porque él lo declara ser exactamente tan grande como parece, o un poco más grande o más chico. Así, donde Epicuro altera la doctrina de Demócrito, su alteración es para peor; mientras que aquellas ideas que él adopta, su crédito pertenece enteramente a Demócrito - los átomos, el vacío, las imágenes1/, o como ellos las llaman, eidola, el impacto de los cuales es la causa no sólo de la visión sino también del pensamiento; la concepción misma de un espacio infinito, apiria como ellos lo denominan, está enteramente tomado de Demócrito; y asimismo, el incontable número de mundos que entran en existencia y sucumben cada día. Por mi lado, yo rechazo esas doctrinas totalmente; pero aún así podría desear que Demócrito, a quien todos aplauden, no hubiera sido envilecido por Epicuro quien lo tomó como su único guía.
1/ Epicuro explicó que la vista era causada por el impacto en el ojo de películas o pequeñas telas que continuamente son lanzadas desde la superficie de los objetos. Estas `imágenes', que penetran en la mente a través de los poros del cuerpo, también causan impresiones mentales.
De Finibus, Bonorum et Malorum (Marco Tulio Cicerón, 106-45 BC)
Liber Primus (Libro o conjunto de escritos)
De los Fines [de los sistemas éticos], lo Bueno y lo Malo. Libro I
Versión en castellano de Sergio Sotomayor Prat, julio de 1999
a partir de traducción al inglés de Harris Rackham (1868-1944)
Reseña de capítulos:
V. Introducción a la Ética de Epicuro y a la escena del diálogo.
VI. Cicerón señala qué es lo que objeta a Epicuro: su Filosofía Natural no es ni nueva ni
verdadera.
VII. Critica, además, el rechazo de Epicuro hacia la lógica formal, así como su ética hedonista y
su carencia de educación.
VIII. Triario resalta el que Cicerón considere que Epicuro no es filósofo en lo absoluto. Torcuato
acomete la defensa de Epicuro, la que sigue a continuación:
IX. El Placer es el Bien Principal.
X. Pero este instinto está limitado por el cálculo.
XI. La más alta forma de placer es la ausencia de dolor.
XII. A través de casos extremos de felicidad y miseria se prueba que el Placer es el Bien Principal.
XIII. Las Virtudes no son Fines en sí mismas, sino solamente medios para el Placer, por ejemplo, la
Sabiduría,...
XIV. la Templanza,...
XV. la Valentía,...
XVI. y la Justicia.
XVII. Los placeres y dolores de la mente se basan en los corporales, pero son más poderosos, toda
vez que ellos cubren el pasado y el futuro.
XVIII. Una vida de regocijo es, necesariamente, una vida de virtud, y viceversa.
XIX. El hombre sabio es siempre feliz; y se ve poco afectado por la fortuna.
XX. La amistad es altamente estimada por Epicuro, porque se basa en la utilidad.
XXI. Epicuro: el más grande profesor de la especie humana.
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